Mundo voraz: crece la demanda de carne, aunque esté cara
Mientras una decena de países recomponen sus rodeos, un nuevo consumidor “obsesionado” por la proteína de calidad presiona los valores al alza. Cómo sacan partido los productores de EE.UU. de la escasez de hacienda y qué podría hacer la Argentina. ¿Cambio estructural o pasajero?, según un analista australiano.
En un contexto de creciente demanda internacional de carne, aún con precios elevados, Simon Quilty, analista australiano, abordó en la Jornada de la Comisión de Carnes de la Rural esta tendencia estratégica para el productor argentino.
Hoy presentamos en Valor Carne la información que explica este fenómeno para aprovecharlo en un país que busca aumentar sus exportaciones: ¿Hasta cuándo se prolongará?
De la escasez
El rodeo bovino mundial viene disminuyendo: datos del USDA muestran que alcanzó un máximo de 205 millones de cabezas en 2023 y cayó un 7% hasta 2026, debido a una conjunción de factores tales como el impacto del cambio climático, las regulaciones ambientales y productivas, y la menor disponibilidad de tierras y de mano obra para desarrollar la actividad.

“Hay diez países ganaderos en reconstrucción de sus rodeos simultáneamente”, remarcó Quilty, aludiendo a una situación que implica menor faena y, por consiguiente, mayor presión alcista en un mercado mundial firme. En ese contexto, el precio índice de la carne vacuna de la FAO alcanzó un nuevo récord histórico, pasando de 134,9 en 2023 a 154,1 en 2026.
Además de las caídas de la faena que ilustra el gráfico, otro actor de peso, Australia, comenzará su reconstrucción hacia fines de 2026, de igual modo que Corea del Sur y Japón.
¿Hasta cuándo habrá menor oferta? “Según el USDA, la faena mundial continuará disminuyendo hasta 2028, con lo cual la oferta de carne acumulará una reducción del 15% durante los próximos tres años”, indicó. Posteriormente, comenzará una recuperación gradual hacia 2030-2035 a medida que finalice la reconstrucción de los rodeos. “La evolución del clima será uno de los factores decisivos para estos procesos y, por lo tanto, para la oferta mundial de carne en la próxima década”, anticipó.
¿Todas las ganaderías evolucionarán por igual? El analista discrimina los países donde predominan las razas Bos taurus, productores de carne de calidad -Argentina, Australia, Estados Unidos, Canadá, Uruguay- y los de Bos indicus que se orientan al volumen o commoditie como lo hacen Brasil e India.
“La faena de Bos taurus caería 10% hacia 2035 mientras la de Bos Indicus solo bajará 5%. Y eso repercutirá en los precios: para la carne de calidad, se espera una tendencia ascendente durante la próxima década mientras la carne commodity también aumentará, pero a un ritmo considerablemente menor”, pronosticó.
Quilty dio un paso más y proyectó la evolución de los precios para ambos segmentos de mercado, cuantificando el plus que podría capturar la Argentina en 2035.
De la demanda
El furor por el estilo de vida saludable ha llevado a un cambio histórico para la ganadería: los consumidores priorizan los alimentos ricos en proteína y la carne vacuna se posiciona como una de las principales fuentes elegidas.
“El informe del USDA destaca que esta tendencia es estructural y no pasajera. La demanda minorista de carne de Estados Unidos, el mercado que marca tendencias, continúa siendo muy fuerte aún con precios elevados”, ratificó Quilty. El crecimiento se observa tanto en jóvenes como en adultos, en unos de la mano de dietas hiperproteicas y la cultura del gimnasio, en la edad mediana para resguardar la masa muscular y en los mayores para reducir la pérdida muscular y mantener la calidad de vida.
Otro factor que impulsa el consumo de carne vacuna es la creciente demanda de medicamentos para bajar de peso (GLP-1). “Actualmente, alrededor de cuarenta y seis millones de estadounidenses los utilizan y para 2029 se estiman que serán más de noventa y dos millones. ¿Por qué favorecen a la carne? “Estos medicamentos generan sensación de saciedad. Como consecuencia, se consumen menos calorías totales, pero más alimentos con alto contenido de proteínas para preservar la masa muscular”, explicó.
La flexibilidad del líder
Para afrontar los cambios del mercado, en los Estados Unidos el peso de las reses faenadas continúa aumentando en pos de paliar la menor disponibilidad de terneros. El peso promedio de los novillos pasó de 346 kg carcasa en 1997 a 447 kg en 2026, un incremento del 30%. “La mejora genética, la alimentación y la eficiencia productiva permiten producir animales más pesados, sin perder calidad”, interpreta Quilty.
En tal sentido, la participación de la categoría Prime, el máximo grado de calidad del USDA ha aumentado significativamente, del 2 al 14% de la faena durante ese período.
“Esto significa que se produce más carne ‘premium’ que hace 30 años a la vez que disminuye abruptamente (del 12 al 3%) la cantidad de reses sin clasificación (ungraded)”, apuntó, aludiendo a que las plantas deben pagar por el servicio de tipificación oficial, que es voluntario, optando por no hacerlo para la carne magra o de menor categoría.
Otra tendencia que busca atenuar la escasez de terneros es la creciente producción de carne a partir de rodeos lecheros, inseminando vacas lecheras con semen de razas carniceras.
“Actualmente el 18% de la faena en Estados Unidos proviene del sistema Beef on dairy que se está expandiendo también en Australia. Incluso, en mi país la Asociación Angus modificó la definición de la raza y ya se aceptan animales con cincuenta por ciento o más de genética de la raza. Nuestro sistema oficial de clasificación (AUS- MEAT) comenzó las auditorías bajo esta normativa el primero de julio”, reveló.
En la Argentina
Después años, el alza de los precios mundiales de la carne supera el de los costos de la alimentación animal. “Podemos ver cómo la transformación de proteína vegetal en proteína animal (vacuna y aviar) está generando rentabilidad”, subrayó.
En este contexto, Quilty dejó un mensaje contundente para la ganadería local. “Si bien la Argentina es uno de los países mejor posicionados frente a la creciente demanda mundial, para competir en el segmento de carne premium necesita implementar un sistema moderno de tipificación y clasificación por calidad. La objetividad facilita la comercialización internacional y, a la vez, provee información útil al productor para la mejora genética y del manejo nutricional”, concluyó.
FUENTE: Liliana Rosenstein – Valor Carne





