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La competitividad y la trazabilidad amenazan el negocio exportador

Luis Viera, gerente de exportaciones del frigorífico Rafaela Alimentos, explica qué está pasando en el mercado mundial de la carne vacuna.

El mercado mundial de la carne vacuna presenta oportunidades enormes para la Argentina, pero también una serie de obstáculos que condicionan nuestra capacidad de aprovecharlas. Desde Rafaela Alimentos vemos que la industria frigorífica tiene capacidad instalada para crecer, aunque necesita más hacienda, mejores condiciones de competitividad y resolver rápidamente los problemas que plantea la nueva reglamentación europea contra la deforestación.

Europa sigue siendo un mercado tradicional para la carne argentina, que tiene una reputación y una calidad reconocidas. Lo que está cambiando es la demanda de determinados atributos, especialmente el marbling o marmoleo, que cada vez se pondera más. Hay que sostener la calidad que históricamente ha caracterizado a nuestra carne y, al mismo tiempo, acompañar las nuevas preferencias de los consumidores.

En términos comerciales, Europa atraviesa momentos de oscilación. La demanda no está caída, pero los compradores se muestran cautelosos y los precios tienen movimientos muy rápidos. Si uno mira la tendencia del año, sin embargo, los valores de la carne argentina muestran una evolución positiva. En el caso de los cortes Hilton, estamos hablando de referencias del orden de los 20.000 a 22.000 dólares por tonelada, dependiendo de la semana y de la composición de los cortes.

El gran problema que tenemos por delante es la implementación del reglamento anti deforestación de la Unión Europea. Hoy, cuando analizamos la hacienda que estamos comprando para exportar, encontramos que una gran parte de los novillos no estaría en condiciones de ser aptos para atender a ese mercado.

Esto no significa que provengan necesariamente de campos deforestados, sino que les falta información, los productores no están registrados o existen inconvenientes en los sistemas de identificación y trazabilidad.

Si esa situación se mantuviera, podríamos perder la posibilidad de exportar a Europa gran parte de la hacienda que habitualmente utilizamos para ese destino. Es un problema gravísimo. Los importadores ya están exigiendo que la mercadería que compran esté debidamente acreditada y, además, necesitan comprobar que el sistema funciona. Para ellos, una infracción puede implicar multas de hasta el 4% de su facturación anual, un riesgo que directamente puede comprometer la continuidad de sus empresas.

La consecuencia no sería solamente perder un negocio puntual. Esa carne debería colocarse en otros mercados, generalmente a valores inferiores, y además se resentiría la disponibilidad de materia prima para nuestras plantas. Si no tenemos hacienda, no podemos producir. Por eso necesitamos resolver cuanto antes los problemas de información y certificación.

China, por su parte, sigue siendo un mercado fundamental. Rafaela Alimentos comenzó a exportar allí en 2012, prácticamente desde la apertura del mercado, y desde entonces mantenemos una relación comercial ininterrumpida. Es un destino que tiene dos segmentos bien diferenciados: uno industrial, que demanda volumen y determinadas características de calidad, y otro que busca carne premium, especialmente de animales alimentados a grano. Para este último desarrollamos nuestra marca Estancia Rafaela.

Sin embargo, China no paga los mismos valores que Europa por los cortes de mayor calidad. Incluso cuando se trata de productos premium, los precios pueden representar aproximadamente la mitad de los que se consiguen en el mercado europeo. A eso hay que agregarle el costo de un flete mucho más largo y que, en muchos casos, debemos asumir nosotros como exportadores.

Estados Unidos también presenta dificultades. La apertura de una cuota de 300.000 toneladas para Brasil generó una fuerte presión sobre los precios y desplazó parte de la oferta que antes tenía otros destinos. En los cortes industriales, los valores bajaron aproximadamente entre 1.000 y 1.500 dólares por tonelada respecto de los niveles anteriores. Hoy, por ejemplo, los productos de industria se ubican en torno a los 6.000 o 6.100 dólares por tonelada, mientras que los cortes de la rueda pueden estar por debajo de los 9.000 dólares.

En los cortes finos existen oportunidades, pero los negocios dependen de tener clientes y nichos específicos desarrollados. En términos generales, Estados Unidos tampoco está pagando los valores que ofrece Europa por la carne argentina de calidad.

A todo esto se suma un problema que afecta directamente nuestra competitividad: el tipo de cambio. Para un exportador argentino es muy difícil trabajar con costos que aumentan al ritmo de la inflación y un dólar que permanece prácticamente estable. La energía, los salarios y el transporte se encarecen, mientras que nuestros ingresos en moneda local no acompañan esa evolución. En nuestro caso, además, tenemos que trasladar la producción desde Casilda hasta el puerto de Buenos Aires, con costos logísticos importantes.

También seguimos teniendo derechos de exportación. Todos los mencionados son obstáculos que se acumulan y que hacen cada vez más difícil competir con países que tienen otras condiciones de producción y comercialización.

Pese a todo, creo que el futuro de la carne argentina es muy bueno. La industria frigorífica tiene una capacidad instalada que hoy está parcialmente ociosa y podría producir mucho más. El principal límite es la disponibilidad de hacienda. Nuestro stock ganadero permanece estancado desde hace décadas e incluso ha retrocedido, mientras que Brasil consiguió expandirse enormemente.

La Argentina necesita una política de crecimiento del stock ganadero que permita ampliar la oferta de materia prima y acompañar la ca-pacidad de procesamiento de la industria. Si conseguimos aumentar la producción, podremos exportar más, generar más divisas y desarrollar un negocio que beneficie a toda la cadena.

El mundo demanda carne va-cuna y la Argentina tiene calidad, tradición y condiciones para crecer. El desafío es resolver los problemas que hoy nos quitan competitividad y construir una oferta ganadera más grande, eficiente y preparada para abastecer a los mercados internacionales.

FUENTE: Informe Ganadero