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Exportaciones de carne: suben los ingresos, pero persisten los márgenes ajustados

La semana pasada se conocieron los datos de exportación de carne vacuna correspondientes al primer trimestre del año. Las cifras confirman un escenario de fuerte dinamismo en términos de facturación: el sector superó los USD 1.000 millones en apenas tres meses, duplicando los ingresos obtenidos en igual período del año pasado.

Sin embargo, este destacado desempeño en valores no se traduce necesariamente en una mejora de la rentabilidad, afirman desde el Rosgan en un informe. Por el contrario, el negocio exportador continúa operando con márgenes muy ajustados, ya que debe absorber valores de la hacienda que —pese a la reciente corrección— siguen siendo elevados frente a un tipo de cambio que, lejos de acompañar la inflación en pesos, se retrasa.

Aun así, en volumen, los embarques del primer trimestre alcanzaron el equivalente a 200 mil toneladas de res con hueso, lo que representa una recuperación del 17% interanual. No obstante, al comparar con 2024, aún se observa una caída del 19%, lo que evidencia que la recuperación tras la fuerte retracción del año pasado sigue siendo parcial.

En este contexto, la menor disponibilidad de hacienda comienza a jugar un rol determinante. La restricción en la oferta impacta directamente sobre el volumen exportado y limita la capacidad de expansión del sector en el corto plazo.

Ya el año pasado, 2025, el nivel de faena caída por segundo año consecutivo a menos de 13,6 millones de cabezas, cerca de 1 millón por debajo de los 14,5 millones alcanzados dos años atrás, en pleno contexto de seca. Aun en ese contexto, la exportación logró sostener su participación en torno al 27%, con embarques por 853 mil toneladas anuales, un 9% por debajo del récord previo.

Sin embargo, el año pasado no había comenzado con la misma dinámica. En el primer trimestre, el volumen exportado caía más de un 30% interanual, en un escenario de fuerte pérdida de competitividad para la industria local. Por eso, al analizar los datos actuales, resulta más apropiado hablar de una leve recuperación que de crecimiento.

Lo que se observa es que, si bien persisten factores coyunturales que afectan la competitividad —similares a los del inicio de 2025—, comienzan a ganar peso condicionantes de carácter estructural que definirán el desempeño del sector en los próximos años.

En este sentido, la escasez de oferta disponible —que se proyecta para los próximos tres a cinco años— está generando un escenario de precios elevados. Si bien esto resulta favorable para algunos actores de la cadena, también enciende alertas sobre el nivel de actividad que podrá sostener la industria.

De hecho, en lo que va del año la faena muestra una caída significativa. En el primer trimestre se registraron 2,97 millones de cabezas, un 8% menos que en igual período del año anterior. Para abril, en tanto, las estadísticas preliminares basadas en los movimientos de hacienda informados por SENASA, muestran incluso una profundización de esta baja.

Si bien es posible que también este influyendo cierta retención estacional en los sistemas de recría, la tendencia es clara. Con un stock que se redujo en casi 700 mil cabezas, la faena debería ajustarse en una magnitud similar para, al menos, frenar la caída del rodeo. Esto, además, bajo el supuesto de que el índice de parición mejore significativamente para compensar pérdidas naturales.

En este escenario, si en 2025 la faena fue de 13,6 millones de cabezas, una reducción de 700 mil implicaría descender por debajo de los 13 millones anuales. Aun así, ese ajuste solo permitiría estabilizar el stock en niveles similares a los de fines de 2024, todavía más de 2,5 millones de cabezas por debajo de 2022, cuando el rodeo nacional alcanzaba los 54,25 millones.

Claramente, la recomposición del stock requerirá mejoras en la eficiencia productiva, pero también implicará, inevitablemente, una restricción en la oferta durante esta fase.

El desafío central será cómo la industria logrará atravesar este período de menor disponibilidad de hacienda, considerando que su eficiencia depende en gran medida de los volúmenes procesados.

Se trata de una actividad con altos costos fijos que requiere niveles elevados de faena para sostener su estructura. Aunque no hay cifras oficiales sobre capacidad instalada, los 14,5 millones de cabezas procesadas en 2023 funcionan como referencia de mínima. En ese marco, proyectar niveles por debajo de los 13 millones implica imaginar un escenario de elevada capacidad ociosa, más aún, considerando las importantes inversiones realizadas en los últimos años.

En definitiva, la industria enfrenta un desbalance entre una oferta de hacienda cada vez más limitada y una demanda operativa que se mantiene firme. Este contexto no solo sostiene los precios, sino que también configura un escenario desafiante y que probablemente impulse cambios relevantes en el sector en los próximos años.

FUENTE: Clarín