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“Si no sabemos comunicar lo que hacemos, estamos en una situación de debilidad”

La discusión sobre bienestar animal y sostenibilidad es recurrente en el ámbito del comercio internacional, pero principalmente, forma parte del debate público, incidiendo en las decisiones de consumo y además condiciona el acceso a los mercados.

El ingeniero agrónomo Fabio Montossi, investigador del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), advirtió que el desafío no es solo productivo o tecnológico, sino también comunicacional. En un escenario donde el acuerdo Unión Europea–Mercosur vuelve a ocupar el centro de la agenda, la capacidad de explicar cómo se produce y bajo qué estándares se vuelve un factor estratégico.

“El bienestar animal, la sostenibilidad y la percepción social están hoy absolutamente entrelazados”, sostuvo, y remarca que la ciencia tiene un rol central para respaldar con datos y evidencia aquello que el país hace bien, pero que muchas veces no logra transmitir hacia afuera.

Bienestar animal

Montossi recordó estudios recientes que muestran cómo, si bien en Uruguay apenas el 8,5% de la población no consume productos de origen animal, ese porcentaje crece de forma significativa entre los jóvenes, incorporando además a los denominados flexitarianos, que reducen el consumo de carne por razones éticas, ambientales o sociales.

“Cuando analizamos qué factores pesan más en esa decisión, además del ambiente, el bienestar animal aparece con una fuerza muy clara”, explica. Esa preocupación no se limita al mercado interno, sino que se amplifica cuando se observa que Uruguay exporta cerca del 80% de lo que produce, quedando expuesto a sensibilidades y exigencias externas cada vez más estrictas.

En ese contexto, Montossi subraya que muchas de las mejoras productivas están directamente vinculadas al bienestar animal. Prácticas como el manejo en la castración, el descole, la atención al parto o la reducción de machucones en la faena explican una parte sustancial de las pérdidas productivas. “En la auditoría de la carne, cerca del 80% de las pérdidas están asociadas a prácticas ganaderas que se pueden corregir sin grandes costos, pero con conocimiento y cambio de actitud”, señaló.

El investigador enfatizó que no se trata de sumar exigencias, sino de comprender que “cada acción sobre el ganado tiene un impacto”, tanto productivo como reputacional, y que la ganadería extensiva tiene fortalezas que deben ser correctamente explicadas y defendidas.

La brecha campo-ciudad

Uno de los puntos más sensibles que identifica Montossi es la distancia creciente entre la realidad rural y la percepción urbana. “Para una parte importante de la ciudadanía no hay diferencia entre una vaca, una oveja o la mascota que está dentro de su casa”, afirmó recordando que entre el 60% y 70% de los hogares uruguayos tienen animales de compañía.

Esa mirada, alimentada muchas veces por imágenes descontextualizadas que circulan en redes sociales, genera choques culturales y juicios rápidos sobre prácticas productivas que forman parte de la tradición ganadera. “Cuando alguien ve un video que no se ajusta a lo que considera un trato adecuado, se produce una disociación muy fuerte entre el mundo urbano y el rural”, explicó.

Para Montossi, el desafío pasa por “juntar esos dos mundos” y diseñar sistemas productivos que contemplen la lógica del consumidor final, sin perder eficiencia ni viabilidad económica. Eso implica adoptar prácticas simples, de buena relación costo-beneficio, pero también asumir que hay un componente cultural que debe revisarse.

Comunicación

La reciente firma del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur reavivó expectativas, pero también dejó en evidencia debilidades estructurales. “Si no sabemos comunicar lo que hacemos directamente estamos en una situación de debilidad”, advirtió Montossi con claridad.

El investigador señaló que, en los procesos de negociación, Europa despliega una fuerte estrategia basada en ciencia, datos fisiológicos, comportamiento animal e investigaciones que respaldan sus sistemas productivos. “Se muestran los parámetros, se justifica todo con información”, explicó, mientras que muchas prácticas de la ganadería extensiva sudamericana quedan expuestas como barreras no arancelarias.

En ese marco, cualquier imagen mal contextualizada se convierte en “un caldo de cultivo perfecto” para cuestionar la producción regional y justificar restricciones comerciales. “Después aparece la pregunta: nosotros no podemos hacer esto, pero a quienes les compramos sí”, ejemplificó, subrayando el impacto directo que estas percepciones tienen sobre la competitividad del sector.

Para Montossi, la respuesta pasa por fortalecer el rol de la ciencia y la comunicación estratégica. No se trata solo de producir bien, sino de demostrarlo con evidencia y explicarlo con claridad. “Estas cosas van a incidir directamente en el futuro del sector productivo”, concluyó.

FUENTE: Tardáguila