La carrera en el Mercosur para aprobar el acuerdo con Europa
La Argentina, Uruguay y Brasil aceleraron la aprobación parlamentaria, que se concretaría en los próximos días. Paraguay lo lograría en marzo. El desafío de fondo será distribuir la nueva cuota para la carne vacuna en un bloque cuya estructura exportadora cambió drásticamente en las últimas dos décadas.
A poco de firmar el acuerdo bilateral entre el Mercosur y la Unión Europea -concretado en Asunción en enero-, los pronósticos indicaban que el primer país en convertirlo en ley iba a ser Paraguay, en marzo.
Lo cierto es que el 13 de febrero la Cámara de Diputados argentina aprobó el proyecto enviado por el Ejecutivo en el período de sesiones extraordinarias, y que está definido que el Senado lo considerará hoy jueves.
Hay consenso en que el mismo sea aprobado. Por lo que el Poder Ejecutivo podrá convertirlo en ley tan pronto como el lunes 2 de marzo, o antes.
Por su parte, en Uruguay se formó una comisión bicameral especial que ya lo aprobó y el miércoles fue ratificado por el Senado. Falta la formalidad de pasarlo por Diputados, lo que también sucedería hoy.
Brasil, que venía más tranquilo, le dio impulso al tratamiento, viendo la velocidad tomada en la Argentina. En las últimas horas, el Congreso brasileño lo aprobó en Diputados y lo remitió al Senado.
De aprobarse en marzo en Paraguay, tal como se suponía inicialmente, podría ser el último de los cuatro en hacerlo.
Potenciales ventajas de adelantarse
Según creen en la Comisión Europea, el tratado comercial entrará en vigencia en cuanto el primer país del Mercosur lo adopte y sólo con los países que den ese paso.
Esto es independiente de la consulta que el Parlamento Europeo decidió hacer con la Corte Europea de Justicia acerca de su legalidad.
Si hubiera una gran diferencia en los plazos en los que los países del Mercosur lo fueran adoptando, podría haber una ventaja, ya que el primero podría ir usando las cuotas que son para todo el bloque, a lo que se sumarían los que vayan siguiendo ese camino.
Pero esto es una especulación teórica con poco andamiento, en el caso de que no haya tal diferencia temporal.
En primer lugar, el tratado rige a partir del primer día hábil del segundo mes en que un país lo apruebe mediante ley y con ese país; y así sucesivamente.
Con los preparativos comentados, es probable que los cuatro terminen con los pasos legales con poca diferencia entre sí.
Por otro lado, además de la vigencia del tratado en sí hay que cumplimentar con una letra chica que requiere su tiempo.
Al menos en el caso de la carne, hay que acordar un certificado de autenticidad, como el que tienen otras cuotas, de manera de que su administración no esté expuesta a excesos.
Además, en el caso de que haya más de un país en condiciones de aprovechar la ventaja arancelaria (la nueva cuota de 99 mil tec o unas 75 mil t peso producto abonará 7,5% de impuesto, muchísimo más bajo que el de la carne fuera de cuota) habrá que acordar alguna distribución entre países, lo que no va a ser un trámite sencillo.
Distribución, antecedentes y alternativas
Existen muy diferentes posibilidades de distribución y, casi todas, con algún fundamento válido.
Podría usarse el stock ganadero de cada país, la producción de carne o el total de sus exportaciones. En cualquiera de estos casos, Brasil resultaría el primer beneficiario, por lejos.
También podrían usarse los antecedentes de exportación a Europa y, aquí, la Argentina quedaría relativamente en mejor posición y, hasta cierto punto, también Uruguay.
Podría tomarse el stock ganadero o la producción por habitante, quedando las dos ganaderías menores mejor posicionadas.
En 2004, creyendo que el acuerdo estaba a la firma en cualquier momento, se creó el Foro Mercosur de la Carne, integrado hasta ese momento por las entidades nacionales de productores y de la industria de los cuatro países; más adelante se agregaron las entidades de consignatarios.
Luego de un puñado de reuniones, y contra todo pronóstico, se logró un acuerdo, por el que se asignaba a Brasil el 42,5%, a la Argentina el 29,5%, a Uruguay el 21% y a Paraguay el 7%, lo que iría a ser válido durante los primeros cinco años a partir de su funcionamiento, cualquiera fuese esa fecha.
El sector privado usó unos meses para difundir su propuesta con los respectivos gobiernos, lo que fue aceptado, inicialmente, pero nunca se convirtió en un instrumento obligatorio.
En estos casi 22 años ha pasado mucha agua bajo el puente y la situación relativa de cada país cambió.
Hoy sería difícil que alguno siga pensando que aquel esquema sigue siendo válido.
Brasil multiplicó varias veces sus exportaciones, la Argentina sufrió el virus del kirchnerismo durante 20 años, y Uruguay y Paraguay siguieron progresando.
En Valor Carne nos tomamos la libertad de aplicar la fórmula que se usa en la Argentina para distribuir cuotas para ver qué sucedería con este nuevo cupo distribuido entre los cuatro.
Muy sintéticamente, el criterio funciona así, el 70% se distribuye por las exportaciones totales de carne, medidas en dólares, a todos los destinos excepto al que otorgó el beneficio y 30% por el mismo concepto al propio mercado que dio la cuota.
Se toman los últimos tres años, ponderados de la siguiente manera, 50% el último, 30% el anterior y 20% el más antiguo.
Si aplicáramos este criterio a la nueva cuota del Mercosur, para el corriente año la asignación sería como la que sigue: 57% para Brasil, 19% para la Argentina, 16% para Uruguay y 7% para Paraguay.
Las diferencias con los números de 2004 son manifestación de los cambios habidos. Pero esto es sólo un ejercicio casi lúdico.
Próximamente, los cuatro gobiernos tendrán una tarea delicada entre sus manos, siendo la carne vacuna uno de los tantos productos a considerar.
Con lo que también existe la posibilidad de que haya cambios de figuritas entre distintos bienes, lo que hace más difícil aún para estimar cómo podría terminar.
Inclusive dentro de la cuota de carne vacuna, podría haber distintos intereses entre los países por el tramo de carne enfriada (55% del total) que por el de la congelada (45%) y esto también implica lugar para la negociación.
FUENTE: Miguel Gorelik – Valor Carne