Estados Unidos necesita cada vez más carne vacuna
Stanley Hogg, del frigorífico Rioplatense, explica qué demanda ese país, cómo es el mercado y qué está pasando con su producción.
Estados Unidos importa aproximadamente 2.400.000 toneladas, peso producto, de carne vacuna por año. Ese volumen representa alrededor del 18 o 19% del total de carne que consumen. Es decir que necesita importar volúmenes muy significativos.
El 85% de esa carne importada proviene básicamente de cinco países: Australia, Canadá, Brasil, México y Nueva Zelanda. La Argentina participa con una porción muy pequeña de ese total. Nuestro margen de crecimiento es claro, pero también lo es el nivel de competencia.
Ahora bien, cuando hablamos del mercado estadounidense, es fundamental entender qué compra. Estados Unidos es ante todo un mercado que necesita comprar carne magra. Ellos producen una enorme cantidad de ganado terminado a grano, con niveles altos de grasa; por esa razón necesita carne magra para mezclar en la elaboración de hamburguesas y otros productos procesados.
Lo que importan mayormente es carne 90 CL o 95 CL, es decir con 90% o 95% de carne magra, y un bajo contenido de grasa química. Esa carne se utiliza para balancear la fórmula de las hamburguesas. Si buscan una hamburguesa con 20% o 25% de grasa, mezclan un bloque importado que puede tener 5% o 10% de grasa con carne local que puede tener 40% o 50%, hasta alcanzar el objetivo final.
En este momento en particular, a raíz de la fuerte baja en su stock de vacas, Estados Unidos está con una necesidad muy grande de carne. Pero, insisto, lo que buscan es carne magra para manufactura.
La nueva cuota de 80.000 toneladas acordada para la Argentina se va a cubrir fundamentalmente con este tipo de producto: carne para manufactura, en bloques congelados. Cuando hablamos de bloques, hablamos de carne que no está anatómicamente individualizada. Puede ser un bloque de recortes (trimmings), o de distintos cortes del cuarto delantero, pero no es un corte presentado como músculo individual, sino carne destinada a procesarse.
Ese bloque puede ser de aguja, paleta, chingolo, u otros cortes del delantero. En general, o es trimming (recorte), o es un corte delantero específico.
Lo que es muy importante para el comprador estadounidense es que se respete el porcentaje de grasa química acordado en el contrato. “Si te compran 10% de grasa, no podés mandar 20%”. Existen mecanismos de ajuste y penalidades si no se cumple con la especificación.
La grasa química es la grasa total medida por análisis, incluyendo la grasa externa y la intramuscular. No se trata solo de la grasa de cobertura externa, sino también de la que está dentro del músculo. Un corte puede no mostrar grasa externa visible, pero internamente puede tener 8% o 10% de grasa si proviene de un novillo terminado con grano. Eso es lo que se mide y lo que importa en este mercado.
En cuanto a los cortes que pueden integrar esos bloques, hablamos principalmente del delantero: aguja, paleta, chingolo y otros músculos de esa región. El brazuelo y el garrón, por ejemplo, en los últimos años se destinaron más a China y no suelen ser los preferidos para Estados Unidos, porque tienen mayor contenido de tejido conectivo y una textura distinta para la fabricación de hamburguesa.
En términos de precio, el trimming no necesariamente vale menos que un bloque de cortes delanteros, siempre que el porcentaje de grasa se ajuste a la especificación. La diferencia aparece cuando algún comprador quiere un músculo específico para diferenciar su producto, por ejemplo si comercializa una hamburguesa “de aguja” y la posiciona como algo superior. Allí puede haber un diferencial de precio respecto del commodity.
Toda esta carne va congelada. El mercado de manufactura en Estados Unidos trabaja con producto congelado. En cuanto a valores, prefiero no dar cifras porque son variables y depende mucho de los clientes, pero puedo decir que, dentro de cuota, los precios son atractivos y superiores a los de China para un bloque equivalente.
Aquí entra un punto clave: la competitividad arancelaria. Dentro de la cuota, el arancel en Estados Unidos es prácticamente simbólico (unos centavos por kilo). Fuera de cuota el arancel es del 26,4%, lo que cambia completamente la ecuación. En China, en cambio, el arancel es del 12%. Por eso, el negocio con Estados Unidos es atractivo cuando se opera dentro de cuota.
Con la nueva cuota de 80.000 toneladas, es probable que parte de la carne que antes se destinaba a China encuentre en Estados Unidos un destino más rentable. Esto dependerá de la integración comercial de cada empresa, pero sin duda habrá reacomodamientos de flujos.
Además del mercado de manufactura, Argentina participa en algunos nichos en Estados Unidos. Uno es el kosher, destinado a la importante comunidad judía de ese país. Se exportan cortes kosher similares a los que van a Israel, aunque Estados Unidos suele tener especificaciones incluso más exigentes. Son principalmente cortes del delantero y, en general, se envían congelados, aunque puede haber algún corte como bife ancho que vaya enfriado según el cliente.
El valor del kosher en Estados Unidos se define dentro del contexto del mercado americano, no necesariamente replica el precio de Israel. Es un segmento particular, con su propia dinámica.
También existe un nicho de carne premium y de carne a pasto. Argentina tiene atributos valorados en su producción ganadera y una imagen asociada a sistemas pastoriles. Sin embargo, mientras no logremos homologar plenamente nuestros sistemas de tipificación y calidad con los de Estados Unidos, nuestra carne seguirá ingresando como producto indiferenciado y compite incluso con carne de menor posicionamiento, lo que nos hace perder valor potencial.
En el segmento de cortes enfriados Estados Unidos importa bifes, lomos y cuadriles, similares a los que enviamos a Europa. Son nichos, no grandes volúmenes, pero con valores muy interesantes.
En congelado, dentro de cuota, los valores son superiores a los 7.000 dólares por tonelada para manufactura.
Es importante aclarar que a Estados Unidos no se puede exportar carne con hueso. Todo debe ir deshuesado. Esto marca otra diferencia respecto de otros destinos.
En síntesis, veo a Estados Unidos como un mercado estratégico para la Argentina. Es un mercado enorme, estructuralmente importador. Hoy particularmente necesitado por la caída de su stock de vacas, y que paga valores atractivos dentro de cuota.
Pero también es un mercado extremadamente técnico y exigente en especificaciones, especialmente en lo que respecta al contenido de grasa química.
Si logramos consolidar volumen en manufactura, fortalecer los nichos de enfriado y kosher y avanzar en la homologación de calidad para dejar de ser carne indiferenciada, el potencial de crecimiento es muy significativo.
La nueva cuota de 80.000 toneladas no es solo un cupo más: es una opor- tunidad concreta de reposicionar a la carne argentina en uno de los mercados más grandes y sofisticados del mundo.
FUENTE: Informe Ganadero