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Cuáles son las exigencias productivas para exportar carne a Estados Unidos

El acuerdo comercial entre la Argentina y los Estados Unidos para aumentar las exportaciones de carne vacuna abre una oportunidad para la ganadería local, pero también plantea una condición: la posibilidad de aprovecharla no dependerá tanto del frigorífico como del sistema de cría. El acceso a mercados exigentes no se define en el puerto, sino varios años antes, en el momento en que nace el ternero.

Estados Unidos no es un mercado deficitario de carne vacuna sino segmentado. Produce enormes volúmenes y, al mismo tiempo, importa de manera sistemática productos específicos que su propio sistema no genera con eficiencia. Ahí aparece la oportunidad para la Argentina, de no reemplazar la producción norteamericana, sino complementarla.

Alinear toda la cadena

Las exportaciones argentinas a Estados Unidos han sido, hasta ahora, principalmente de recortes de carne magra que se mezcla con el producto local, con alto contenido de grasa, para fabricar hamburguesas con menor contenido de aquélla.

La ampliación de la cuota anunciada por el presidente Trump tiene su razón de ser en la baja oferta interna tras la reducción del stock ganadero del país del norte luego de varios años de sequía. Si las existencias vacunas de Estados Unidos tardan en recomponerse, puede pensarse en mayores importaciones a las ya anunciadas y habría que prepararse para ello.

“Estados Unidos no es un destino de absorción masiva de carne vacuna sino de precisión. Demanda regularidad en el peso de la res, en la edad del animal y en la calidad del producto, atributos que no pueden construirse en la etapa final del engorde si no fueron definidos desde el inicio del ciclo productivo. Por eso, la discusión sobre exportaciones termina inevitablemente en una discusión reproductiva”, afirma Francisco López Harburu, directivo de la firma Select Debernardi, al considerar el tema.

“Si el acceso al mercado estadounidense se tornara estable, el cambio principal debería ocurrir en el campo. Se modificará el precio relativo de las categorías y comenzará a valorizarse el novillo pesado y la vaca para conserva y manufactura”, proyecta López Harburu. Estos incentivos podrían empujar decisiones productivas orientadas a mayor eficiencia reproductiva, más peso de faena, genética orientada a la calidad de carne y planificación nutricional. No se trataría de producir mas animales, se trataría de producir animales más previsibles”, diferencia.

La Argentina mantiene, desde hace décadas, un stock bovino relativamente estable, pero con una producción escasa y muy variable. La causa principal es la baja eficiencia del rodeo de cría: se producen menos terneros por vaca que en los principales competidores, que consiguen un 80% de destete, mientras que muchos campos de cría locales continúan varios puntos por debajo. Esa diferencia debería neutralizarse antes de pensar en una ampliación de la superficie destinada a la cría.

Requisitos del comprador

Un mercado como el estadounidense requiere previsibilidad anual. “No alcanza con tener años excepcionales; necesita consistencia. Y la consistencia en ganadería no proviene solo del engorde sino de la fertilidad y de la buena alimentación. Un novillo joven, homogéneo y repetible, es consecuencia directa de una vaca que se preña temprano, pare todos los años y desteta un ternero pesado. Allí aparece el verdadero vínculo entre comercio y genética”, resalta Francisco.

Durante mucho tiempo, la selección ganadera se baso en criterios visuales. Se priorizó tamaño, estructura y desarrollo corporal con la idea de que un animal grande producía mas carne. El resultado fue un rodeo, en muchos casos, de altos requerimientos nutricionales y menor eficiencia reproductiva. Hoy la lógica económica cambió. La vaca rentable no es la mas grande, sino la que se preña temprano, pare todos los años y desteta un ternero pesado de manera consistente. Y se da mucha importancia a las Diferencias Esperadas entre Progenies (DEP) de fertilidad de las hijas, calidad de la carcasa, etc.

El peso del ternero al destete se vuelve, entonces, una variable estratégica. “Es el kilo más económico de producir y el que determina la duración de la recría y la edad final de faena. Aumentos moderados en ese peso permiten llegar a novillos jóvenes aptos para programas comerciales exigentes, condición clave para acceder de manera sostenida a mercados Premium”, destaca el directivo.

De este modo, el acuerdo comercial no sería únicamente una política de exportación sino un incentivo productivo. “Un destino que premia la homogeneidad obliga a producir homogeneidad, y eso requiere más terneros por vaca y más kilos por ternero. El crecimiento no vendría de tener más hacienda, sino de tener hacienda más eficiente”, distingue López Harburu.

La ganadería argentina ha demostrado históricamente capacidad para responder a señales de mercado cuando fueron claras y duraderas. “Si el acceso a Estados Unidos se consolida, la transformación no ocurrirá primero en los embarques sino en los rodeos de cría. Porque, en definitiva, la competitividad externa comienza en la reproducción interna”, concluye Francisco.

FUENTE: Clarín