Con la trazabilidad electrónica se vendieron 2 millones más de caravanas en 2025
Desde enero, la ganadería argentina transita un cambio de paradigma con la obligatoriedad de la trazabilidad individual y electrónica para el ganado bovino y bubalino, una medida largamente debatida que finalmente comenzó a aplicarse y que, contra muchos pronósticos, muestra una rápida aceptación por parte del productor.
“El primer balance es muy positivo, diría súper positivo”, afirmó Guillermo Guntern, CEO de Carreteles Rafaela, al evaluar los primeros meses de implementación. “Estamos sorprendidos porque se está vendiendo con mucha fluidez y hasta ahora no hemos tenido problemas”.
La obligatoriedad llegó luego de años de idas y vueltas, resistencias y licitaciones frustradas. Sin embargo, desde que el sistema comenzó a regir de manera efectiva, el mercado reaccionó con un dinamismo inesperado. Según detalló Guntern, el comportamiento de las ventas rompió todos los registros históricos.
“En noviembre, cuando se anunció que a partir de diciembre ya no se iba a poder vender la caravana convencional, se adelantaron muchísimas compras”, explicó.
Históricamente, en ese mes se comercializaban unas 900.000 caravanas a nivel país, pero en 2025 se vendieron más de 2.100.000 unidades. “Fue una diferencia terrible”, graficó.
Lo llamativo fue que, pese a ese adelantamiento, diciembre no mostró la caída esperada. “Siempre se vendían entre 850.000 y 900.000 caravanas en diciembre. Este diciembre se vendió un 30% más, más de 1.100.000, y todas electrónicas”, señaló. La tendencia continuó en enero, mes que también superó ampliamente el promedio histórico, rozando los dos millones de unidades.
En total, el año cerró con un dato contundente: “Todos los años se vendían alrededor de 15 millones de caravanas. El 2025 terminó con 17 millones”, indicó Gunter, subrayando la magnitud del impacto que tuvo la implementación del sistema.
Desde el punto de vista técnico, el ejecutivo aclaró que la obligatoriedad alcanza inicialmente a terneros y terneras, pero que cualquier animal que no esté previamente declarado y deba ser identificado hoy solo puede hacerlo con caravana electrónica. “En estos momentos la única opción es el binomio tarjeta más botón electrónico, tenga la edad que tenga el animal”, explicó.
Otro factor clave en la aceptación del sistema fue la incorporación de herramientas digitales por parte del organismo sanitario. “El productor se va familiarizando con la caravana electrónica y con el lector”, señaló Gunter, y destacó el rol del SENASA, que lanzó aplicaciones que permiten cargar datos y realizar trámites de manera directa desde el teléfono celular. “Es súper práctico: leés la caravana, aceptás y ya queda todo registrado”.
Según el CEO de Carreteles Rafaela, la resistencia inicial respondió a un patrón habitual. “Es la típica resistencia a lo desconocido”, afirmó. Pero una vez superada esa etapa, ocurre un cambio cultural más profundo. “Cuando el productor se acostumbra, pasa algo muy claro: dice ‘qué tonto, cómo no empecé antes’”.
Además, la trazabilidad electrónica abre la puerta a un mayor uso de tecnología en los establecimientos. “El que ya tiene caravana y lector dice: ahora estoy a un paso de comprar una balanza o un monitor para individualizar rendimientos”, explicó, destacando la mayor eficiencia en la gestión productiva.
El buen momento de la ganadería y las expectativas por la demanda internacional también juegan a favor. “El contexto ayuda muchísimo. Incluso temíamos que el precio de la caravana generara protestas, pero eso no ocurrió. No hay un problema con eso”, sostuvo Gunter.
De cara a los próximos meses, el panorama aparece estable. Febrero se perfila con números similares a los promedios históricos y marzo, tradicionalmente el pico por la zafra de destetes, encuentra al sector abastecido. “Estamos preparados y creo que todas las empresas también”, concluyó.
La trazabilidad electrónica, que comenzó envuelta en polémicas, parece haberse convertido rápidamente en una herramienta aceptada y valorada por el productor, marcando un antes y un después en la ganadería argentina.