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¿Se quiere destruir una marca país?

La Carne Argentina es nuestra marca país más valiosa y motor central de la economía. Sin embargo, el anteproyecto del Ministerio de Desregulación, a cargo del economista Federico Sturzenegger, para hacer voluntario el aporte al IPCVA (Ley 25.507), amenaza con destruirlo. Pasar a un esquema voluntario no es desregular: es decretar el cierre del Instituto.

En economía agroindustrial, la promoción internacional, la apertura de mercados y la defensa ambiental son bienes públicos.

Con aportes voluntarios, surge el efecto polizón: nadie paga si el vecino se beneficia gratis, la recaudación colapsa y el ente desaparece.

Justo en este momento, cuando hay un gran interés de los ganaderos por producir más cabezas y más carne, ante una demanda creciente, desmantelar esta herramienta es un suicidio comercial.

Ninguna potencia exportadora de carnes premium funciona con aportes voluntarios. EE.UU. cobra por ley federal el Beef Checkoff (1 US$/cabeza). Brasil combina fondos estatales obligatorios (Apex Brasil) con grandes frigorífi-cos. Australia, Uruguay e Irlanda: imponen cánones estatutarios por ley.

Sin fondeo obligatorio, los países quedan relegados a vender carne barata o insumos. Así sucede en India con el búfalo, en Centroamérica con el “trimming” (recortes de descarte) o en Bielorrusia, que exporta sin trazabilidad ni aval ambiental.

Se dice que los números matan el relato. La inteligencia comercial del IPCVA, en articulación con el Senasa y la Cancillería, permitió pasar, desde 2008, de 400.000 a más de 900.000 toneladas exportadas (US$ 2.700 M anuales) y de menos de 40 a más de 80 mercados internacionales abiertos y operativos.

Sin el IPCVA se pierden 2 pilares irremplazables: el escudo ambiental, ya que el Instituto financia con el INTA y el INTI la demostración científica de la captura de carbono exigida por Europa (EUDR), y la diplomacia sanitaria, que sostiene 120 protocolos en 85 mercados y gestiona cuotas clave (Hilton en la UE y 481 en Estados Unidos).

Además, el acompañamiento a pymes argentinas que posibilita su presencia en ferias internacionales compartiendo costos; la transferencia tecnológica al productor, con sus muchas propuestas regionales y a campo, y la defensa del consumo local de carne vacuna ante alimentos sustitutos.

Quitarle solvencia al IPCVA no es modernizar sino degradar al país a ser exportadores de cortes de descarte. La desregulación debe quitarle frenos al productor, no destruir el motor colectivo que vende su producción y los cortes de carne vacuna de calidad al mundo.

Los argentinos no queremos regalar los logros alcanzados. Ni menos pegarnos un tiro en los pies.

FUENTE: Chacra