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Brasil: el mayor proveedor mundial de carne vacuna se debate entre la fortaleza y la vulnerabilidad

Brasil, el mayor exportador mundial de carne vacuna, parece haber ingresado en un escenario en el que su propia fortaleza comienza, paradójicamente, a exponerlo a una mayor vulnerabilidad.

Un año atrás, Brasil atravesaba uno de los momentos más críticos de la feroz disputa político-comercial desatada con Estados Unidos. Luego de haber abierto el juego de los aranceles recíprocos para decenas de proveedores, el presidente norteamericano, Donald Trump, llegó a imponer al producto brasileño un arancel adicional del 50%, llevando la carga arancelaria total para la carne vacuna a más del 76% lo que implicaba un virtual cierre de mercado.

En aquel momento, se comenzó a especular con los efectos que tendría el inminente redireccionamiento de los embarques brasileños hacia mercados alternativos, con el consecuente impacto que ese mayor volumen disponible podría generar sobre los precios, dada la magnitud de los flujos involucrados.

A fines de noviembre, y tras arduas negociaciones con el gobierno brasileño, Estados Unidos terminó retirando el arancel adicional que gravaba el ingreso de carne bovina proveniente de Brasil, permitiendo la reanudación del comercio.

En lo que va de 2026, los envíos de carne vacuna brasileña a este mercado alcanzan unas 210.000 toneladas, marcando un crecimiento del 24% interanual.

Por su parte, China, que por aquel entonces operaba como una suerte de válvula de escape frente al endurecimiento de la posición de Estados Unidos, terminó generando un nuevo revés para Brasil.

Hacia fines de 2025, y tras un largo período de investigación, el gobierno chino decidió implementar, por un lapso de tres años, un sistema de cuotas de importación, en cuya distribución Brasil, junto con Australia, quedó entre los países relativamente más perjudicados.

En este sentido, para todo 2026, Brasil recibió una cuota total de 1.106.000 toneladas, lo que significó un recorte del 24% respecto del volumen ingresado durante 2025, que alcanzó las 1.458.439 toneladas, según datos de la aduana de destino.

En efecto, a fines de julio de este año, el Ministerio de Comercio de China emitió una alerta oficial anunciando que Brasil había utilizado el 80% del cupo anual asignado.

Considerando los envíos registrados durante los últimos dos meses, es esperable que en los próximos días se dé a conocer un nuevo comunicado oficial informando el agotamiento total de la cuota y la consecuente aplicación de un gravamen adicional del 55% a toda mercadería que ingrese fuera de cupo.

Si bien una de las estrategias más factibles para Brasil sería recurrir al almacenaje de la mercadería, ya sea a bordo de los buques o en depósitos aduaneros, a la espera del inicio del próximo ciclo comercial, esto no evitaría la disrupción transitoria de los flujos comerciales durante, como mínimo, los próximos tres meses.

Esta situación ya comienza a reflejarse en las estadísticas de julio, con embarques de 82.700 toneladas, una reducción de casi 50% respecto de las 158.400 toneladas despachadas en junio. En lo que va del año, Brasil registra despachos de carne vacuna hacia China por 856.703 toneladas, esto es un 8,5% más que lo registrado en igual lapso, un año atrás.

El punto crucial es que, casi en forma paralela, Brasil enfrenta en lo inmediato otro frente adverso, nada menos que en el mercado europeo.

En mayo, pocos días después de haberse efectivizado el inicio del primer tramo del nuevo cupo comercial habilitado bajo el acuerdo UE-Mercosur, Brasil fue excluido de la lista de países habilitados para ingresar carne al bloque europeo. Esta exclusión se realizó bajo el argumento de mantener internamente un sistema de control deficiente respecto del uso de productos antimicrobianos en su ganadería.

Si bien Brasil respondió de inmediato introduciendo modificaciones en su protocolo interno, la postura del bloque se mantiene intransigente, con fecha límite para la efectiva exclusión fijada para el próximo 3 de septiembre.

Más aún, dado que los requisitos exigidos respecto de la ausencia de estos promotores de crecimiento involucran toda la vida del animal, aun cuando Brasil lograra aprobar de manera inmediata las modificaciones implementadas en sus controles internos, la eventual reanudación de las exportaciones podría verse condicionada por un lapso de hasta dos años, en función de los tiempos biológicos de producción.

Si bien durante las próximas semanas es probable que se intensifiquen las negociaciones destinadas a evitar una exclusión de este mercado, el riesgo sigue siendo elevado.

Por lo tanto, esta situación expone una paradoja cada vez más evidente: cuanto mayor es la capacidad exportadora de Brasil, mayor es también su necesidad de contar con mercados de gran escala y relativamente estables para absorber ese volumen.

Actualmente, Estados Unidos, China y Unión Europea representan en conjunto el 65% de sus exportaciones totales.

La posibilidad de perder simultáneamente un acceso pleno o fluido a mercados de semejante importancia pone de manifiesto la vulnerabilidad que puede generar una estructura exportadora de esta magnitud.

Brasil continúa siendo, por amplio margen, el principal proveedor de carne vacuna a nivel global y cubre más del 30% de la demanda total, por lo que cualquier alteración en sus principales destinos constituye un factor de riesgo para todo el mercado internacional.

En lo que va del año, los datos consolidados de la Secretaría de Comercio Exterior muestran que Brasil exportó 1.722.642 toneladas de carne fresca, un 10,2% más que en el mismo período del año anterior. Sin embargo, las proyecciones de las principales consultoras y organismos internacionales anticipan para este año una eventual caída en el volumen final de exportaciones.

La Asociación Brasileña de Industrias Exportadoras de Carne (ABIEC) presenta probablemente el escenario más extremo, con una caída potencial del 10%. La consultora Datagro, por su parte, prevé que 2026 termine con una disminución del 4% en las exportaciones de carne vacuna, mientras que el USDA, por el momento, mantiene la proyección más moderada, con una caída del 2,4% interanual.

En definitiva, el principal desaÉo de Brasil ya no parece estar únicamente en su capacidad para producir y exportar carne, sino en sostener el acceso simultáneo a los grandes mercados capaces de absorber el enorme saldo exportable que genera su ganadería local.