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“Nos comimos 10 millones de cabezas y hoy hay que recuperarlas”

Las últimas cifras difundidas por la Secretaría de Agricultura dan cuenta de una nueva caída en el stock vacuno, que no registra subas desde hace 4 años y se ubica muy cercano a los años más oscuros para la actividad, cuando proliferaban los controles de precios y el cierre de exportaciones.

“Este es un momento soñado, pero más que un momento, creo que es el inicio de un ciclo virtuoso para la ganadería”, evalúa Juan Manuel Alberro, quien además de productor es presidente de la Asociación de Criadores de Braford (ABA). Su optimismo es el de muchos otros referentes del sector, que confían en que, gracias a los buenos precios y la alta demanda global, el sector cárnico argentino pronto podrá revertir la tendencia, crecer en cabezas y pensar, de una vez por todas, a largo plazo.

Pero también, Alberro es de lo que creen que ese proceso no será natural ni armónico: con bajo stock y una incipiente retención de vientres los precios en las góndolas seguirán elevados, y a la vez será clave que los productores inviertan para acompañar la recuperación sectorial.

“Venimos de uno de los peores panoramas posibles y eso generó que se achicara el rodeo nacional. Hoy tendríamos que estar exportando mucho más, pero todos estos años nos comimos 10 millones de cabezas y hoy hay que recuperarlas”, señala el referente. Muy cercano está el recuerdo de los años de Guillermo Moreno, cuando el stock cayó a 48 millones de cabezas, y, aún hoy, sigue sin volver a sus niveles históricos.

No es menor la herencia, asegura Alberro, que habla de “más de 20 años de una ganadería de subsistencia, con criadores que trataban de mantenerse a flote porque los precios no acompañaban y con un sector que estuvo bloqueado mucho tiempo, sin posibilidad de exportar”. Ahora que corren otros aires, la pelota está de su lado: hay que recuperar los rodeos, invertir en infraestructura y retener vientres, coinciden las voces autorizadas.

La baja oferta de cabezas, sumado a un proceso paulatino de retención de hembras y la presión que genera la demanda internacional ya surte efecto hace varios meses a nivel interno, pues en las góndolas argentinas la carne vacuna aumenta sostenidamente.

“La gente se asusta, pero este es un proceso necesario. La ganadería va a generar mucho arraigo y trabajo en el país, y mientras tanto habrá que pagar un poco más la carne”, señala Alberro, que juzga muy necesario que el sector no pierda de vista la importancia de exportar.

“Es un proceso lógico, el mundo demanda carne, paga precios que para acá serían impensables y desperdiciar ese mercado es realmente un pecado”, agregó.

Cuando se refieren a los “nuevos vientos ganaderos”, los especialistas sectoriales apuntan directamente a lo que ocurre puertas afuera. Y lo cierto es que, además de mayor volumen, hoy nuestros compradores exigen también mejor calidad, lo que implica un desafío doble para una ganadería que viene, opina Alberro, tras décadas de subsistencia.

“En Argentina están dadas las condiciones para aumentar la producción y abastecer a los mercados más exigentes, que es lo que marca la diferencia. Los precios ayudan a que el ganadero pueda invertir y esto no es una foto, es el inicio de una película”, aseguró.

Además de los aspectos básicos en materia de infraestructura, o de la cantidad de vientres, el referente también destaca la inversión en genética, una de las claves para aprovechar este momento bisagra con carnes de mejor calidad y producciones más eficientes.

De hecho, señala, eso le ha dado un renovado optimismo a la raza que representa, los Braford, originalmente concebidos para las zonas más exigentes del país pero hoy con mayor presencia en la Pampa Húmeda.

“Tenemos un biotipo muy carnicero, muy productivo, que engorda muy bien, que tiene muy buena calidad de carne y que resiste altas temperaturas. Creo que tenemos mucho para crecer y vamos a aprovechar seguramente este viento de cola”, concluyó.

FUENTE: Bichos de Campo