Cambio de estrategia productiva y presión exportadora
El punto de quiebre, para el empresario de la carne Gustavo Bell, fue el anuncio del acuerdo entre los presidentes Javier Milei y Donald Trump sobre la ampliación del cupo de exportación de carne argentina a Estados Unidos.
“En los corrales se pasó a hacer novillos pesados de exportación, que demoran seis meses más en terminarse respecto del novillo liviano de mercado interno. O sea, los animales están, pero encerrados. A los frigoríficos les falta ese flujo de animales, y al mismo tiempo se cae la demanda interna, con costos fijos sostenidos o en aumento”, lo que deriva en las sucesivas crisis en empresas de este eslabón de la cadena de la carne.
“A los seis meses, cuando destetás el animal, tenés que definir si lo vas a mandar a recría para exportación o a novillo para mercado interno. Para mercado interno necesitás una media res de 100 a 130 kilos, y para mercado externo se manda una media de 140 a 160 kilos”, dice Bell.
Para mercado interno es una crianza de dos años y, para exportar, se va a dos años y medio. Y como “casi todos los corrales se pasaron a novillo para exportación, el ternero en remate pasó de valer 4.800 a 7.200 casi en uno o dos meses”.
La consecuencia es que “hay menos carne para mercado interno, y estamos con todos los corrales llenos de animales para exportación”. Pero, al mismo tiempo, aún está lejos de llegar a un ritmo sostenido de exportación; por eso, los frigoríficos están pasando una de sus peores temporadas.
Bell coincide con las estadísticas difundidas por el gobierno y, a la poca actividad exportadora, se suma que “cayó mucho la faena de mercado interno”. Por lo menos, “la macro acompaña” y, visto en perspectiva, “está bueno lo que se viene para el negocio ganadero”.
Con cuatro bocas de expendio minoristas, advierte que “se trabaja poco volumen, se achicaron los márgenes, hay una fuerte presión impositiva, porque están desesperados por recaudar, tanto provincia como nación”.
Esta lectura coincide en buena medida con la que hicieron gerentes de grandes estancias en una de las últimas exposiciones rurales realizadas en Río Negro. Y la compra de terneros para recría, esperando el auge exportador, es una de las explicaciones a la retracción de la oferta y la consecuente suba de precios.
Otro factor es la desconfianza en el gobierno. Muchos quieren saber “a dónde va a terminar todo esto”, como dijeron en una informal ronda de mate algunos influyentes ganaderos de la Patagonia.
Entonces se compran animales y se los encierra para terminarlos dentro de un año y medio, más o menos cuando termina el mandato del actual gobierno. Optar por hacer novillos más pesados funciona en este aspecto como un reaseguro del valor, porque en vez de comprar dólares, quien forma parte del negocio ganadero compra animales, que es el activo que mejor maneja.
“Por ahí te restringís al máximo, y vas tirando y cubriendo costos vendiendo el 30 o 40% de lo que tenés, y el resto lo aguantás para ver qué pasa”, se sinceró uno de los contertulios que tuvo una ronda de mates entre diez de los más influyentes hombres de campo de la región.
El otro componente que no se debe perder de vista ante una suba de precios, alentada por una expectativa exportadora, es que el rodeo vacuno argentino ha permanecido más o menos estable en torno a los 55 millones de cabezas, la misma cantidad que había hacia 1975, cuando el país tenía 25 millones de habitantes.
De haber tenido la ganadería un crecimiento proporcional al crecimiento de la población del país, hoy el rodeo nacional debería contar con 110 millones de cabezas.
FUENTE: +Producción