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El Senado ratificó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, aunque su entrada en vigor dependerá ahora de la resolución judicial pendiente en el viejo continente

Con 69 votos a favor y apenas 3 en contra, el Senado convirtió en ley el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, un pacto que lleva más de dos décadas de negociación y que promete abrir una ventana productiva de gran escala para la agroindustria argentina.

Sin embargo, la celebración local convive con un freno político y jurídico en Europa, debido a que el Parlamento Europeo resolvió enviar el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), lo que podría demorar su entrada en vigor hasta dos años.

La aprobación por parte del Senado convierte a Argentina en el segundo país del Mercosur en ratificarlo luego de Uruguay, mientras también prosperan los debates internos en Brasil.

Desde el punto de vista productivo, el núcleo del acuerdo establece cupos con aranceles preferenciales para carne vacuna, carne aviar, azúcar, etanol y otros productos agroindustriales, además de mejorar las condiciones para los biocombustibles. Para la carne vacuna, por ejemplo, se prevé una nueva cuota de 99.000 toneladas con un arancel del 7,5%, un esquema que, de activarse, redefiniría el mapa exportador del bloque.

La Unión Europea es un mercado de 450 millones de habitantes que importa agroalimentos por unos 220.000 millones de dólares al año. Argentina hoy apenas participa con cerca del 3% de esas compras. El acuerdo apunta precisamente a ampliar esa presencia, reduciendo o eliminando aranceles que hoy encarecen el ingreso de productos argentinos y comprimen los márgenes de exportación.

Según estimaciones oficiales, el tratado podría generar intercambios adicionales por 35.000 millones de euros, que se sumarían a los aproximadamente 100.000 millones que ya comercian ambos bloques. Para la producción primaria y las cadenas de valor vinculadas, el atractivo no es sólo el volumen sino la calidad del mercado: Europa paga mejores precios y demanda estándares altos, lo que incentiva procesos de diferenciación, trazabilidad y agregado de valor.

En términos coyunturales, la eventual mejora de precios llega en un momento sensible para el agro argentino. Con márgenes ajustados en varias regiones, presión impositiva todavía elevada y una recomposición incipiente de los valores internacionales tras la caída de los últimos ciclos, la posibilidad de acceder a un mercado premium con aranceles reducidos representa una señal estratégica. No implica necesariamente cambiar la estructura productiva, sino capturar más renta por lo que ya se produce y exporta.

El interrogante inmediato es cómo se distribuirán los cupos dentro del Mercosur. Si más de un país ratifica y accede a los beneficios, habrá que acordar un mecanismo de reparto. Criterios como tamaño de rodeo, volumen de producción o exportaciones históricas podrían entrar en juego. En cualquiera de esos escenarios, Brasil parte con ventaja por escala, lo que obliga a la Argentina a defender una porción relevante si quiere maximizar el impacto productivo.

El principal obstáculo hoy está en Europa. El Parlamento Europeo decidió consultar al TJUE para que determine si el acuerdo puede aplicarse de manera parcial o anticipada sin la ratificación de todos los parlamentos nacionales. La revisión jurídica puede extenderse hasta dos años. No se trata de un rechazo definitivo, pero sí de una pausa que introduce incertidumbre.

Detrás de esa decisión hay presión política, especialmente de Francia y de sectores agrícolas europeos que denuncian competencia “desleal” en carne y otros productos sensibles. Las protestas rurales en varios países del bloque pusieron el foco en el acuerdo con el Mercosur como símbolo de una apertura que temen afecte su competitividad y sus estándares regulatorios.

Para el agro argentino, el dato concreto es que el Congreso ya cumplió su parte. El acuerdo, si finalmente entra en vigor, no sólo ampliará volúmenes exportables sino que puede mejorar el precio neto que recibe el productor, al reducirse la carga arancelaria en destino. En un contexto de alta competencia global y búsqueda de mercados estables, el acceso preferencial a Europa representa más que una oportunidad comercial: es una apuesta estratégica de largo plazo.

FUENTE: Bichos de Campo