2025: la carne en el candelero y va por más
Está cerrando un año con muchas novedades, internas y del exterior, en las que la carne vacuna ha tomado protagonismo, como hacía tiempo que no se veía. Muchas de tono positivo, pero también de las otras.
El año cierra con una faena y una producción muy similares a las del 2024. Unidas a una menor exportación, influida por un mal arranque del año, muestra, por ende, un pequeño aumento en el consumo per cápita, que soportó una valorización importante de la hacienda y, en menor medida, de los precios en el mostrador.
El precio real (deflacionado) del novillo en Cañuelas dibujó una V perfecta desde el pico aislado de diciembre de 2023 ($4.400 de hoy), mes de cambio de gobiernos plagado de incertidumbres y desequilibrios macroeconómicos, pasando por los $2.700-2.800 de sep-nov’24 y volviendo a los casi $4.100 de este diciembre.
Este valor, con la excepción del mencionado dic’23, sólo es superado en la serie histórica por 12 registros mensuales entre fines de 2020 y mediados de 2022. Y el valor presente está a menos de 8% del máximo, lo que significa que no está muy lejos. Es decir, estamos con un precio alto en términos históricos.
Que también ha arrastrado a la invernada, las vacas y los reproductores de cabaña.
En el campo de la exportación, terminaremos este año en las 860-880 mil toneladas equivalente carcasa, 9% menos que en 2024 y con perspectivas de recuperar, en 2026, la mitad de lo perdido.
Y el año está terminando con valores fob que no tienen mucho que envidiar a los máximos de 2022.
No obstante, la exportación está pasando por una mala racha, con márgenes desfavorables, que proyectan una sombra sobre las perspectivas inmediatas.
Este año también hubo muchos avances en materia de desregulación del sector: la flexibilización para importar vacunas; la habilitación de las exportaciones en pie; la actualización de la barrera patagónica, no exenta de polémica y de marchas y contramarchas; el destrabe de las exportaciones de cueros; la eliminación del peso mínimo de faena; y la baja de retenciones (completa durante 45 días aunque no arrojó frutos por su implementación).
También hubo relajamiento en materia cambiaria que ayudó a la exportación durante la primavera, luego neutralizada por el aumento en el valor de la hacienda.
Simultáneamente, se mantuvo un ritmo declinante de la inflación, así como el superávit fiscal.
El inesperado triunfo del gobierno en las elecciones de medio término aportó tranquilidad y un panorama de negociación política auspicioso para los cambios regulatorios que el país necesita.
Si bien se frustró el inicio de la identificación electrónica del ganado tal como se diseñó inicialmente, ahora está todo listo para arrancar esta misma semana.
Otro avance en la buena dirección fue la firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la EFTA. Distante de este paso está la enésima demora en la firma con la Unión Europea que, más allá de su mezquindad en materia de carnes y productos agropecuarios es un acontecimiento deseable. Aunque Europa sigue trabajando para minimizarlo aún más con salvaguardias y la normativa sobre deforestación que, afortunadamente, se volvió a suspender por otro año más.
En materia de cambios empresarios, se frustró la compraventa de plantas en Uruguay entre Marfrig y Minerva, aunque se había completado en Brasil, la Argentina y Chile. El Grupo Lequio se retiró de Uruguay y compró las plantas en funcionamiento de Mattievich, convirtiéndose en el principal faenador del país, si se cuenta tanto la hacienda la propia como la de usuarios. También se fusionaron Marfrig con BRF, creándose una empresa gigante.
Un accidente muy grave se produjo en febrero con el incendio de la planta de Gorina, que la destruyó en gran parte, aunque la empresa se ha recuperado casi totalmente, volviendo a trabajarla en dos meses y apoyándose en la faena en otras plantas y trabajando para su recuperación total.
En el año hubo que lamentar la pérdida de dos líderes de la industria, Carlos Oliva Funes y Pedro Somma, este último todavía en actividad.
El mundo estuvo plagado de noticias con impacto en el sector.
Desde la política proteccionista de Trump, con pico en el Día de la Liberación, 2 de abril, que llevó el arancel medio del país a un nivel que no se había visto en 90 años y creó roces con casi todos los países, así como urgentes intentos de negociación, con el primer fruto en el acuerdo con Gran Bretaña al que siguieron otros.
En el caso de la Argentina, está en conversaciones que prometen la cuadruplicación de su cuota de carne, para 80 mil t, entre otros temas, aunque nos gustaría verlo escrito y firmado.
La guerra comercial entre EE.UU. y China ha estado llena de vaivenes, con aranceles estratosféricos y treguas, pero ha minado la participación de la carne estadounidense, hasta su actual desaparición, en el primer importador del mundo.
Por su parte, China estaría a punto de dar a luz un sistema de cuotificación de sus importaciones de carne, con cuotas para sus principales proveedores, según gente involucrada en las negociaciones, como resultado de su investigación sobre salvaguardias iniciada hace un año.
Brasil y Australia han seguido marcando récord tras récord en materia de ventas externas y, es posible, continuarán esta senda durante 2026. Brasil lo logró pese al arancel extra impuesto por EE.UU. del 50%, que rigió por varios meses y que, afortunadamente, se revirtió.
En 2025, el precio índice de la carne vacuna que elabora la FAO llegó a un pico, en dólares reales, reflejando el buen momento internacional. También se alcanzó niveles record en las cotizaciones del novillo tanto en Estados Unidos como en Europa, a pesar de que ambos mercados están muy poco relacionados.
Brasil y Bolivia lograron el status de libre de aftosa sin vacunación para la mayor parte de sus territorios, paso que la Argentina, Uruguay y Paraguay están discutiendo con mayoría remisa a darlo próximamente.
Alemania y varios países de Europa Central volvieron a tener aftosa, de lo que pudieron salir rápidamente.
Las empresas dedicadas a las carnes a base de plantas y de laboratorio no tuvieron un buen año, con convocatorias de acreedores y casi total desvalorización de sus patrimonios, cuando fueron estrellas hace no tantos años.
Mientras tanto, el año estuvo plagado de avances en materia de producción ganadera, tanto en temas de genética, manejo apoyado en tecnologías de la información, sanidad, alimentación e inversiones.
La salida de tres años de sequía ha vuelto atractiva la actividad, con perspectivas de revertir los pequeños retrocesos en cuanto a existencias.
Y así es como estamos terminando este 2025 y acomodándonos para iniciar un nuevo año.
Desde Valor Carne, donde seguimos e informamos todos estos acontecimientos, confiamos en estas buenas perspectivas, deseamos lo mejor para nuestros lectores y anunciantes y los saludamos en un brindis de lo más auspicioso.
FUENTE: Miguel Gorelik – Valor Carne