Sábado, 04 Julio 2015

"Cualquier pilcha te queda bien"

Cuentan que un tanguero viejo iba todas las noches a la milonga. Un retrato de Gardel presidía el salón. Después de colocarse algunos vinos, el hombre se acercaba al cuadro y le repetía: “Carlitos, cada día cantás mejor”. Todas las noches lo mismo. Un día, el cantinero se cansó, y le cambió el retrato por uno de Napoleón. El mamado, lejos de amilanarse, le espetó: “¡Carlitos, cualquier pilcha te queda bien!”

 

En su borrachera de fin de ciclo, este gobierno repite la historia. Veamos si no lo que sucedió esta semana con la cuestión de la reapertura de Estados Unidos para la carne argentina.

 Pongamos las cosas en su lugar. Primero, al César lo que es del César: conviene destacar la gestión del Senasa, que a diferencia de otros organismos del sector, trató de hacer sus deberes alejado de la arena política.

 La cuestión se facilitó por la clara decisión de los ganaderos, que hace veinticinco años comprendieron definitivamente que la aftosa es una enfermedad de las vacas, y que las vacas son de ellos. Aquella actitud, sumada a la irrupción de una vacuna superior de base oleosa, permitieron limpiar esta lacra histórica de la ganadería nacional. Se abría una nueva era, con la posibilidad de ingresar en el circuito no aftósico, la primera división de la liga mundial de la carne vacuna.

 La fiesta duró poco. Se dejó de vacunar, quizá prematuramente, y la aftosa entró de nuevo. Pero enseguida se retomó el modelo probado de la inoculación y nunca más se detectó un foco.

 Pero ahora la noticia no hace más que subrayar los dislates de la conducción oficial. El extinto presidente Néstor Kirchner no sólo llegó a prohibir las exportaciones, en nombre de la mesa de los argentinos, sino que arengó a quienes luego serían “todos y todas” prometiéndoles “la carne que les niegan los ganaderos”.

 Y la ganadería entró en un tobogán interminable. Pero como dijo Charly García, todo tiene un límite. De pronto, no hubo más vacas para faenar. Y nos encontramos sin carne, sin vacas (los tornos de esta fábrica), y en consecuencia sin terneros. El precio se fue a las nubes. La industria exportadora se encontró atrapada , sin ganado y con un gobierno desesperado por evitar el impacto de la escasez en el consumo doméstico. Vieja tribulación del peronismo, que en los 50 provocó el mismo problema y lo resolvió con… las vedas de carne.

 Al día siguiente del comunicado oficial sobre la reapertura de los EE.UU., el consorcio ABC que coordina a los principales frigoríficos exportadores, resumió su cuadro de situación. Informó que las empresas frigoríficas suspendieron faenas y prevén una agudización en los próximos días. “La ecuación comercial de las plantas y el programa futuro de exportaciones, resultan inviables en virtud de los condicionantes que soporta el sector exportador de carnes”.

 La entidad reclama la modificación del tipo de cambio efectivo, mediante la eliminación de las retenciones (un insólito 15% para un producto de alto valor agregado). Además, destaca el incremento “desmedido” de la evasión impositiva, sanitaria, previsional y ambiental, que afecta directamente a la industria organizada. El panorama se agudiza por la baja (40%) del precio del cuero, un co-producto de gran incidencia en la ecuación de la industria.

 Encima, se afronta una caída del 30% en la cuota Hilton. Ni hablar del atraso cambiario. Ahora, unas 20 entidades que representan la producción, la industria y los sindicatos, acordaron un plan: control de la evasión, remoción de regulaciones que afectan la competitividad y el estímulo a la producción de novillos pesados.

 Medidas que quizá lleguen tarde, como el forense. Mientras, el gobierno celebra, porque cualquier pilcha le queda bien.

FUENTE: Clarín

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